|
|
|
 |
EVAGRIO EL MONJE |
Evagrio,
este hombre sabio e insigne que floreció alrededor del año 380, fue
promovido por el gran Basilio a la dignidad de lector y, por el hermano de
éste, Gregorio de Nisa, fue ordenado diácono. Fue instruido en las Sagradas
Palabras por Gregorio el Teólogo: por éste fue incluso nombrado
archidiácono, cuando le fuera encargada la iglesia de Constantinopla, según
Icéforo Calisto, libro 11, capítulo 42. A continuación, abandonadas las
cosas del mundo, abrazó la vida monástica.
Siendo realmente sutil al entender y habilísimo en exponer lo que entendía,
Evagrio ha dejado muchos y variados escritos. De entre los mismos, han sido
elegidos para este libro, el presente discurso a los hesicastas y sus
capítulos sobre el discernimiento de las pasiones y de los pensamientos, en
cuanto que son textos muy oportunos y de gran aplicación.
Las noticias a propósito de Evagrio nos fueron
proporcionadas especialmente por Paladio en la Historia lausíaca (texto
griego e italiano en la edición, a cargo de Ch. Mohrmann y C. J. Bartelink,
Fundación L. Valla, A. Mondadori 1974). Su nacimiento se sitúa alrededor del
año 345 en Íbora en el Ponto. Tal como nos lo dice Nicodemo, fue promovido a
lector y luego a diácono.
Bastante tentado por la vida mundana, en momento de serio
peligro para su castidad, mientras se encontraba en Constantinopla, a
continuación de un sueño premonitorio, partió para Jerusalén. Allí vivió por
un breve período en la casa de Melania la Anciana, ilustre dama romana,
quien había convocado a su alrededor, en el Monte de los Olivos una
comunidad monástica. Durante su estancia allí, muchas dudas asaltaron a
Evagrio, con respecto a su decisión de abandonar el mundo pero, apoyado por
Melania y tomando como una nueva señal divina una enfermedad que lo
aquejara, partió hacia Egipto poco después. Se estableció primeramente y por
dos años, en el desierto de Nitria y luego en las Celdas, donde vivió hasta
su muerte que sobrevino aproximadamente en el año 399.
Profundamente convencido respecto del valor de la austera
vida monástica en el desierto, Evagrio la conoció - y la vivió - acudiendo a
las fuentes, manteniéndose en frecuente contacto con Macario el Grande,
iniciador de la vida monástica en el desierto de Scete, conociendo también
al otro Padre Macario. El ambiente en el cual Evagrio vivió hasta su muerte
su vida monástica contrastó, por cierto, con la estructura intelectual de la
cual estaba dotado y con su gran cultura. No por ello dejó de sentir una
profunda admiración por la sabiduría práctica de esos santos ancianos,
frecuentemente provenientes de familias campesinas pobres. Y más aún: además
de vivir esta vida del desierto, llegó a ser un teórico de la misma.
Seguidor de Orígenes, terminó, lamentablemente por extremizar justamente las
teorías más discutibles de su maestro. Esto echó una sombra sobre su figura,
a tal punto, que muchos de sus escritos nos fueron transmitidos al amparo de
algún gran nombre de ortodoxia más afirmada. El nombre de Evagrio fue
envuelto en la condena del origenismo y, por lo tanto, condenado por el
Concilio de Constantinopla III (680-681), por el Concilio Niceno II (787) y
por el Concilio de Constantinopla IV (869-870)..
De Evagrio se puede encontrar traducido al francés el
Tratado sobre la plegaría en Y. Hausherr, Les leçons d'un contemplatif : le
traité de l'oraíson d'Evagre le Pontique, Paris, Beauchesne, 1960, y el
Tratado práctico en la colección Sources Chrétíennes 170-171. Tanto el
Tratado sobre la plegaria como el Tratado práctico, se pueden encontrar
traducidos también al inglés, reunidos en un único volumen, en las ediciones
Cistercians Publications, Massachusetts, Spencer, 1970. |
 |