En
gran parte, las antiguas controversias
cristológicas han quedado superadas
Las primeras escisiones de la túnica inconsútil
de Cristo tuvieron lugar en Oriente –señala
la Unitatis Redintegratio, 13– por la
impugnación de las fórmulas dogmáticas de
los Concilios de Éfeso y Calcedonia. De ahí
parten, confirma el Concilio Vaticano II,
las Iglesias que más tiempo llevan
separadas de la comunión con Roma: son las
denominadas Antiguas Iglesias Orientales. El
aislamiento secular al que han estado
sometidas, conviviendo con regímenes
adversos o en medio de un mundo hostil, ha
facilitado en las últimas décadas el
redescubrimiento mutuo de la necesidad de
una unión eclesial en la tradición apostólica
común y ha llevado a acuerdos ecuménicos
importantes.
Por Carlos de Francisco Vega
Sus fieles son en cierto sentido «nuestros
cristianos mayores», que viven, celebran y
anuncian, en medio de no pocas dificultades,
a Cristo, único y común Señor de la
Iglesia.
La familia cristiana no estaría completa si
omitiéramos a estos cristianos, numéricamente
poco significativos, que viven por ello
entre el desconocimiento y la dispersión.
Forman parte de la túnica inconsútil que
no se rompe porque no tiene costuras, en
probable alusión a la unidad eclesial. Son
los cristianos herederos de la situación
que se produjo en el siglo V, cuando la fe
cristiana quedó sancionada en fórmulas
sintetizadas con el empleo de términos que
luego fueron objeto de discusión y que, a
la postre, sellaron la separación.
Hay que recordar, en honor a la verdad, que
aquellos primeros concilios de la Iglesia
formularon más ampliamente la fe del Símbolo,
configuraron la liturgia y la organización
eclesial incipientes, y ofrecieron unas
pautas canónicas. Las decisiones
conciliares afectaban tanto a quienes disentían
como a quienes aceptaban lo acordado. Los
arrianos y los macedonianos, al negar la
divinidad de Cristo (Nicea, 325) y del Espíritu
Santo (Constantinopla, 381), fueron los
primeros que se separan de la fe común: su
existencia parece que no superó el siglo
VII. Mientras, nestorianos (Éfeso, 431) y
monofisitas (Calcedonia, 451) atribuían a
Cristo doble persona y una sola naturaleza,
respectivamente. Estos dos últimos grupos
han llegado hasta nuestros días.
Las llamadas Antiguas Iglesias Orientales, a
diferencia de las Iglesias Ortodoxas de
tradición bizantina, forman actualmente dos
grupos: la Iglesia Asiria de Oriente, que
tiene su inicio en el Concilio de Éfeso, y
un conjunto de Iglesias llamadas monofisitas
integrado por cuatro: la Iglesia Armenia
Apostólica, la Iglesia Copta Ortodoxa, la
Iglesia Etíope Ortodoxa y la Iglesia Siria
Ortodoxa. De ésta última nace, en siglos
posteriores y por efecto misionero, la
Iglesia Siria Ortodoxa de Oriente. A todas
ellas se las califica como no calcedonianas,
porque no aceptaron la doble naturaleza en
Cristo definida en Calcedonia.
La iglesia asiria de oriente
Esta Iglesia, que quiere ser heredera de la
época apostólica por la actividad que
desarrolló Santo Tomás, se la denomina
también «nestoriana» porque se apoyó en
los errores de Nestorio, arzobispo de
Constantinopla (428-431). Depuesto Nestorio
y perseguidas sus ideas por el Imperio
bizantino, los miembros de esta Iglesia se
organizaron en Persia, separándose de
Antioquía y a su vez de Roma, y toman
Seleucia-Ctesifonte como sede.
La Iglesia Asiria de Oriente comienza a ser
perseguida con la aparición del Islam. Por
esta razón hubo de entenderse con los árabes,
quienes vieron en los nestorianos unos
aliados frente a los persas. La vitalidad de
esta Iglesia comienza a declinar a finales
del primer milenio.
Es importante resaltar que esta Iglesia tuvo
un gran empuje misionero, de tal forma que
muchas regiones de Asia fueron evangelizadas
según la tradición nestoriana y siguiendo
la comercial «ruta de la seda». Así, su
apostolado llegó a China y a la India. (s.
VII).
Durante la Edad Media la decadencia de esta
Iglesia fue grande. Quizá los primeros
intentos de unión con Roma hay que
interpretarlos como una necesidad ante las
circunstancias adversas. Así, el Arzobispo
nestoriano Timoteo de Tarso firma la unión
con Roma en el Concilio de Florencia, el 7
de agosto de 1445, mediante la bula
Benedictus sit Deus, que no surtió el
efecto deseado.
El diálogo ecuménico
Puesto que las Iglesias Orientales Católicas
tienen la especial misión de promover la
unidad de todos los cristianos, sobre todo
de los orientales (OE 24), las relaciones
ecuménicas de la Iglesia católica con la
Iglesia Asiria de Oriente han de tener en
cuenta a la Iglesia Caldea católica, que
sirve de puente.
En realidad, el verdadero diálogo ecuménico
entre católicos y nestorianos comienza
formalmente con el encuentro entre el Papa
Juan Pablo II y el actual Patriarca
nestoriano Mar Dinkha IV. Este primer
encuentro dio como resultado una Declaración
común (11 de noviembre de 1994) que
subrayaba los puntos comunes en materia
cristológica: Nuestro Señor Jesucristo es
verdadero Dios y verdadero hombre, perfecto
en su divinidad y perfecto en su humanidad,
consustancial con el Padre y consustancial
con nosotros en todo, menos en el pecado. Su
divinidad y su humanidad están unidas en
una sola persona, sin confusión ni cambio,
sin división ni separación.
Como fruto de esta importante Declaración,
se advierte un esfuerzo por superar
malentendidos sobre las antiguas
controversias, y se reconoce la legitimidad
y exactitud en las expresiones de «Madre de
Cristo» y «Madre de Dios» dadas en la
liturgia y en la piedad de ambas Iglesias.
También ambos jerarcas deciden establecer
una Comisión mixta para llevar a cabo el diálogo
teológico entre ambas Iglesias (la primera
reunión se celebró del 22 al 24 de
noviembre de 1995 en Roma). Por parte católica
la integran algunos obispos de la Iglesia
Caldea católica, lógicamente más en
contacto con las jerarquías nestorianas. La
Comisión, que en alguna ocasión ha sido
recibida en audiencia por el Papa, está
analizando la comprensión común de los
sacramentos, con la esperanza de ver
materializados los trabajos en algún
documento.
Las iglesias monofisitas
Aquellos grupos de cristianos que sostenían
la doctrina defendida por el monje Eutiques
de que Cristo sólo tenía una naturaleza
(monos-fisis) fueron condenados por el
Concilio de Calcedonia y fueron denominados
«monofisitas». Esta doctrina se extendió
por todo el imperio bizantino, lo que dio
lugar al establecimiento de Iglesias que no
afirmaban el «difisismo» de la Iglesia común,
apoyado también por el emperador o «melquita».
Así fueron surgiendo las primeras cuatro
Iglesias monofisitas o no melquitas: en
Egipto, en Etiopía, en Armenia y en Siria.
Todas ellas independientes, aunque con un
origen común.
La iglesia copta ortodoxa
El cristianismo llegó a Egipto desde sus
inicios, y debe a San Marcos la evangelización
de estas tierras regadas por el Nilo. Los
coptos o cristianos de Egipto, tras la
celebración del Concilio de Calcedonia,
siguieron el monofisismo. Actualmente están
gobernados por Shenouda III, Patriarca de
San Marcos.
La situación de esta Iglesia, ubicada en
medio del mundo musulmán, tiene especiales
dificultades para hacerse oír en el
exterior; por consiguiente, también para
entablar diálogo con otras Iglesias y
concretamente con Roma. No obstante, una
primera tentativa de unión fue sellada en
el Concilio de Florencia (4 de febrero de
1442) por el monje Andrés, representante de
la jerarquía copta, mediante la Bula
Cantate Domino.
El unionismo de antaño ha dado paso al
ecumenismo actual con el llamado «diálogo
de la caridad» o de gestos fraternos que
tiene esta Iglesia, como el resto de las
monofisitas. El Patriarca Shenouda ya visitó
al Papa Pablo VI y ambos, como fruto de este
encuentro, firmaron el 10 de mayo de 1973
una Declaración común: en ella se afirma
que la divinidad de Cristo "está unida
a su humanidad en una unión real, perfecta,
sin mezcla, sin confusión, sin alteración,
sin división, sin separación".
Las diferencias entre la Iglesia católica y
la Copta ortodoxa, objeto del diálogo teológico,
fueron alimentadas por factores no teológicos
y mantenidas por las vicisitudes históricas
de aislamiento o dispersión en medio del
mundo musulmán. Por ejemplo, el Patriarca
Shenouda III estuvo confinado entre 1982 y
1985.
Una Comisión mixta, reunida en varias
ocasiones, ofrece el resultado de sus
estudios en Relaciones y Comunicados,
publicados en el Enchiridion Oecumenicum
editado en Salamanca. Ambas iglesias
aprobaron en junio del 79 unos principios
que orienten el camino hacia la unidad.
En su reciente viaje a Egipto y al Sinaí,
en febrero, Juan Pablo II pudo encontrarse,
como gesto fraterno, con el Patriarca
Shenouda y fieles de esta Iglesia. Sin
embargo, el diálogo teológico actualmente
no tiene el mismo ritmo que en sus inicios.
La iglesia etíope ortodoxa
Esta Iglesia es hija de la anterior, con la
que estuvo unida hasta 1959. Ha tenido que
convivir con el régimen marxista de Etiopía
y, con frecuencia, en medio de guerras y
calamidades humanas (Sin embargo, sigue
siendo de una de las iglesias no
calcedonianas con mayor número de fieles)
No debe, pues, extrañar que entre los católicos
y los coptos de Etiopía no se haya iniciado
todavía un diálogo teológico estable, diálogo
que vendría a coincidir con el de los
coptos de Egipto.
Sin embargo, dos de los últimos máximos
jerarcas etíopes han visitado al Papa en
Roma: el Abuna Tekle Hamainot, que estuvo el
17 de octubre de 1981, y el Abuna Paulos, el
16 de junio de 1993. A este último, el Papa
le dijo que "compartimos la misma fe
recibida de los Apóstoles, los mismos
sacramentos y el mismo ministerio radicado
en la sucesión apostólica".
La iglesia armenia
Está organizada esta Iglesia en cuatro
patriarcados, con sedes en Etchmiadzin,
Jerusalén, Constantinopla y Cilicia. Debe
su origen a los apóstoles Bartolomé y
Tadeo, quienes evangelizan la Armenia y más
tarde Gregorio el Iluminador organiza esta
Iglesia. El monofisismo llegó a Armenia en
el año 506 y se acepta como reacción
contra Bizancio. Ha vivido esta Iglesia en
medio de invasiones y guerras, sufriendo una
fuerte emigración.
Los contactos con Roma son relativamente
frecuentes. Las visitas de Pablo VI y Juan
Pablo II a Tierra Santa y Constantinopla
fueron ocasiones para entrevistarse con las
jerarquías armenias de estos lugares. Por
parte armenia han visitado a Pablo VI los
jerarcas armenios de Cilicia, Etchmiadzin y
Estambul. De todas las visitas a Roma habría
que destacar las efectuadas por los
Patriarcas de todos los armenios Vasken I en
1970 y Karekin I en 1983, 1987, 1996 y 1999.
Al encuentro de Asís, propiciado por Juan
Pablo II en 1987, acudió también la
jerarquía armenia. No debe, pues, extrañar,
que el Papa Juan Pablo II, poco antes de
morir Karekin I en junio de 1999, tuviera
intención de visitar, en viaje relámpago
desde Polonia, al moribundo Patriarca, quien
meses antes le había invitado a visitar
Armenia.
Puede afirmarse que el diálogo teológico
no existe, pero se ve recompensado por el
fuerte «diálogo de la caridad» y por el
caluroso trato fraterno que las comunidades
armenias unidas a Roma alientan. También
hay que recodar el precedente infructuoso de
la unión suscrita en el Concilio de
Florencia por la Bula Exultate Deo el 22 de
noviembre de 1439.
La iglesia sirio ortodoxa
La separación originada en el Concilio de
Calcedonia afectó, en primer lugar, a la
comunidad cristiana de Antioquía. Quienes
aceptaron el monofisismo fueron inicialmente
perseguidos por los emperadores bizantinos
y, ya casi al borde de su desaparición,
organiza esta Iglesia Jacobo Baradeo,
apoyado por la emperatriz Teodora y
consagrado obispo, lo que valió el
calificativo a esta Iglesia de «jacobita».
Los contactos de esta Iglesia con Roma
surgen en la época de las cruzadas, y
posteriormente se materializan con la firma
de la unión en el Concilio de Florencia el
30 de noviembre de 1444 mediante la Bula
Multa et admirabilia. Como ocurrió con el
resto de las Antiguas Iglesias Orientales,
la unión resultó un fracaso.
En tiempos más recientes esta Iglesia ha
cultivado tanto las visitas de sus jerarcas
a Roma (Mar Ignacio Jacobo III en 1971 y
1980, y Mar Ignacio Zakka I Iwas en 1984),
como una importante Declaración común
suscrita el 23 de junio de 1984 por el que
ambas Iglesias autorizan a sus fieles
recibir de la otra Iglesia en determinadas
circunstancias los sacramentos de la
penitencia, eucaristía y unción de
enfermos.
Un caso singular es la Iglesia Siria
Ortodoxa del Oriente o Malankar, filial de
la anterior aunque independiente desde 1912,
que tiene dos documentos sobre el matrimonio
y la comunión eucarística (1990) como
resultado de su diálogo con Roma.
En síntesis
A todas estas Iglesias, con una población
minúscula, frecuentemente dispersa, casi
siempre con fuerte emigración de sus
lugares de origen, no se les puede aplicar
el posterior desarrollo de la fe de la
Iglesia definido en siglos posteriores.
Con las limitaciones que se quieran, todas
han iniciado unos contactos, a veces
intensos, con la Iglesia católica presidida
por Roma. El aislamiento secular a que han
estado sometidas, el tener que convivir con
regímenes adversos o en medio de un mundo
hostil y erizado de dificultades por los
avatares políticos de la historia, han
propiciado el descubrimiento mutuo de la
necesidad de la unión eclesial. De hecho,
estas Iglesias no calcedonianas desean
caminar hacia la tradición apostólica común,
que disipe algunos puntos necesitados de
clarificación.
De todas estas Iglesias, han nacido sus
correspondientes Iglesias Orientales católicas
tras las malogradas bulas de unión del
Concilio de Florencia. A diferencia de las
Iglesias Orientales católicas nacidas de
las Iglesias Ortodoxas de tradición
bizantina y calificadas por éstas de «uniatas»,
aquéllas están más unidas a la común
tradición en la que mutuamente se apoyan.
Ojalá el ecumenismo, que cabalga unido a la
evangelización, se traduzca para las
Antiguas Iglesias Orientales en fidelidad a
su propia tradición (caldea o nestoriana,
alejandrina o copta, antioquena o jacobita,
y armenia) y en la común profesión y
celebración de la misma fe.
EL PAPADO, CUESTIÓN CAPITAL
Como señalaba no hace mucho Mons. Eleuterio
Fortino, Subsecretario de Consejo para la
Unidad de los Cristianos, refiriéndose a
las dificultades que plantea el diálogo
ecuménico con el conjunto de Iglesias
ortodoxas, "la discrepancia más
importante y común a todas estas iglesias
sigue siendo la función que corresponde al
Obispo de Roma en la Iglesia". |