Por
la gran variedad de confesiones evangélicas,
la situación del ecumenismo de la Iglesia
Católica con cada una es diferente
Sin mayores matices, y obviados varios
precedentes históricos, el protestantismo
remonta sus orígenes a Martín Lutero, a
comienzos del siglo XVI. Hoy engloba una
constelación de iglesias y comunidades
evangélicas más o menos coincidentes en
unos pocos principios básicos –como la
"sola Scriptura" o la salvación
por la fe–, pero muy diferentes entre sí
y por lo común autónomas, que a veces se
agrupan en federaciones mundiales en virtud
de sus raíces históricas o de semejanzas
doctrinales. El número de sus fieles se
cifra en 300 millones, el 18% del total de
los cristianos. También con ciertas
salvedades, el Concilio Vaticano II significó
el punto de arranque del diálogo ecuménico
de la Iglesia Católica con las iglesias y
comunidades protestantes o evangélicas. Un
diálogo necesariamente múltiple.
Por Ladislao Melgar
El elenco principal de los diálogos ecuménicos
de la Iglesia Católica –más en concreto,
del Pontificio Consejo para la Unidad de los
Cristianos– con los evangélicos es éste:
—Con los luteranos, asociados en la
Federación Luterana Mundial.
—Con los anglicanos, federados en la
Comunión Anglicana.
—Con los reformados (calvinistas),
federados en la Alianza Mundial de las
Iglesias Reformadas.
—Con los baptistas, federados en la
Alianza Baptista Mundial.
—Con los metodistas, federados en el
Consejo Metodista Mundial.
A esta relación cabe añadir el diálogo
oficial del Pontificio Consejo con
representantes de algunas Iglesias
Pentecostales «clásicas»; con los Discípulos
de Cristo (Iglesia Cristiana), y con los
mennonitas, federados en la Conferencia
Mennonita Mundial.
El diálogo con el Consejo Ecuménico de las
Iglesias tiene entidad propia, pero es
distinto de los citados por la índole
peculiar de ese organismo con sede en
Ginebra.
Diálogos locales y multilaterales
Antes de entrar con mayor detalle en estos
diálogos, debe advertirse que a nivel local
se dan muchos otros encuentros ecuménicos,
algunos francamente importantes. Así, la
Declaración conjunta sobre la doctrina de
la Justificación, firmada el 31 de octubre
por la Iglesia Católica y la Federación
Luterana Mundial, es deudora del serio
trabajo realizado por la Comisión ecuménica
mixta católico-luterana de Alemania y por
el llamado Grupo de luteranos y católicos
en contacto de Estados Unidos.
En cuanto a diálogos plurilaterales, pueden
citarse los mantenidos entre católicos,
luteranos y reformados, que dieron lugar en
1976 a la relación sobre Teología del
matrimonio y el problema del matrimonio
mixto.
Cabe mencionar también los encuentros que
entre 1977 y 1984 se tuvieron con los evangélicos
–denominación común preferida por
luteranos, calvinistas, anglicanos y
otros–, en los que la Iglesia Católica
actuó con representación oficial; no así
sus interlocutores. Objeto de estudio fue la
misión: su naturaleza, la Iglesia y el
Evangelio, evangelización y proselitismo.
En 1986 se publicó una relación sobre esos
encuentros, resumen de sus logros y puntos
pendientes.
Diálogo católico-luterano
El diálogo con los luteranos ocupa el
primer lugar de los contactos ecuménicos
entre la Iglesia Católica y el mundo
protestante. Su fruto más granado es la
Declaración conjunta sobre la doctrina de
la Justificación, que constituye –en
palabras de Juan Pablo II– «una piedra
miliar» del ecumenismo, y ha sido posible
gracias a más de treinta años de trabajo.
Los contactos iniciales entre la Iglesia Católica
y la Federación Luterana Mundial –que
agrupa hoy a 122 Iglesias, con unos 43
millones de fieles– se desarrollaron en
1965 y 1966 en Estrasburgo. Al año
siguiente se constituyó una Comisión de
estudio, que llevó adelante el primer ciclo
del diálogo y culminó sus trabajos en 1972
con el documento programático El Evangelio
y la Iglesia, conocido como Relación de
Malta.
En 1973 se creó la Comisión mixta católico-luterana,
que hasta 1984 protagonizó el segundo ciclo
del diálogo sobre cuestiones tan
insoslayables como el valor sacrificial de
la Misa, el ministerio episcopal o el
ejercicio de un servicio primacial en la
Iglesia. Frutos de su trabajo fueron las
relaciones: La Cena del Señor (1978);
Caminos hacia la comunión (1980); Todos
bajo el mismo Cristo (1980), con ocasión
del CDL aniversario de la Confesión de
Augsburgo, matriz de la doctrina luterana;
El ministerio espiritual en la Iglesia
(1983); Martín Lutero, testigo de
Jesucristo (1983), y Ante la unidad.
Modelos, formas y etapas de la comunión
eclesial luterano-católica (1984).
La justificación
La tercera fase del diálogo católico-luterano
inició su labor en 1986, con este tema de
estudio: justificación, eclesiología,
sacramentos. Copresidida por Mons. Lehmann,
Obispo de Maguncia, y el Obispo luterano
James Crumley, la Comisión mixta elaboró
la relación La Iglesia y la Justificación
(1993), que dejó abierto el camino hacia
una Declaración común sobre la doctrina de
la Justificación, punto nuclear de la
doctrina de Lutero.
Un grupo reducido de expertos se encargó de
redactar esa Declaración. El texto fue
corregido dos veces, en 1996 y 1997, antes
de ser presentado para su aprobación a la
Santa Sede y a la Federación Luterana
Mundial.
En junio de 1998, ambas instancias
formularon su respuesta oficial al proyecto
de Declaración. Los luteranos plantearon
reservas al contenido de sus nn. 18, 28-30 y
38, mientras los católicos recalcaban la
necesidad de clarificar los nn. 21, 22,
29-30.
A punto estuvo de venirse abajo la Declaración.
Del atolladero logró salirse merced al
Obispo Johannes Hanselmann –ex-Presidente
de la Federación Luterana Mundial– y al
Cardenal Joseph Ratzinger, cuya vieja
amistad propició una reunión privada entre
ellos en noviembre de 1998.
A raíz de la muerte del Dr. Hanselmann a
principios de octubre pasado, el Prefecto de
la Congregación para Doctrina de la Fe
declaró: «tuvimos un encuentro muy
importante en casa de mi hermano, en
Alemania, pues parecía que hubiera
fracasado el consenso en torno a la doctrina
de la justificación. De ese modo, en el
transcurso de un debate que duró todo un día,
encontramos las fórmulas que han aclarado
los puntos que todavía presentan
dificultad, que no son aceptados por una u
otra parte. Con la fórmula elaborada en
aquellos días, tanto la Federación
luterana como el Magisterio católico han
podido reconocer que se ha alcanzado un
consenso en algunos puntos fundamentales de
la doctrina de la justificación. No se
trata de un acuerdo global, pero con esta fórmula
es posible proceder a la firma de un
documento de consenso en los contenidos de
fondo».
Las palabras del Card. Ratzinger permiten
entender mejor por qué el diseño de lo
firmado el 31 de octubre de 1999 en
Augsburgo resulta tan complejo, al
incorporar dos documentos preliminares: un
Comunicado oficial común y un Anexo
aclaratorio. Sólo con ambos textos por
delante, el Card. Edward Cassidy y el Obispo
Christian Krause, en cuanto Presidentes
respectivos del Consejo Pontificio para la
Unidad de los Cristianos y de la Federación
Luterana Mundial, pudieron al fin rubricar
el tercer documento: la Declaración
conjunta sobre la doctrina de la Justificación
(ver en DP 138/1999), que transcribe el
texto definitivo concordado en 1997 por los
expertos.
El futuro
Dice el nº 3 del Comunicado oficial de
Augsburgo: «el diálogo, basado en el
consenso logrado, debe continuar
particularmente sobre las cuestiones que la
misma Declaración conjunta (nº 43)
menciona como necesitadas de posterior
clarificación, para poder alcanzar la plena
comunión eclesial, una unidad en la
diversidad en la que las restantes
diferencias serían ‘reconciliadas’ y ya
no tendrían fuerza divisoria».
El nº 43 de la Declaración cita estas
cuestiones que aclarar: «la relación entre
Palabra de Dios y enseñanza de la Iglesia,
eclesiología, la autoridad en la Iglesia y
su unidad, el ministerio y los sacramentos,
y la relación entre justificación y ética
social». A través de este sumario de
temas, que la Comisión mixta se apresta a
estudiar, pasa ahora el camino hacia la
plena comunión eclesial entre católicos y
luteranos: un camino todavía largo, pero
del que ya es posible atisbar el final.
Diálogo católico-reformado
El diálogo reformado-católico es uno de
los más laboriosos, debido al alejamiento
dogmático y teológico iniciado por Calvino
en la Suiza del siglo XVI y continuado por
otras corrientes, como el presbiterianismo
escocés de John Knox. La Alianza Mundial de
las Iglesias Reformadas federa hoy a 188
Iglesias reformadas, presbiterianas y
congregacionalistas, que cuentan con unos 32
millones de fieles.
Tras algunos contactos previos, el primer
ciclo del diálogo entre la Iglesia Católica
y la Alianza Reformada se tuvo de 1970 a
1977. Dio lugar a la relación La presencia
de Cristo en la Iglesia y en el mundo. Del
segundo ciclo (1984-1990) procede Hacia una
comprensión común de la Iglesia.
Todavía no ha logrado iniciarse la tercera
fase. Es más, en 1995 se enfriaron las
relaciones, a resultas de la canonización
de un mártir del siglo XVII.
Jan Sarkander, sacerdote checo ajeno a
cualquier acción violenta, murió asesinado
por los protestantes en 1640. Beatificado
como mártir en el siglo XIX, fue canonizado
por Juan Pablo II el 21 de mayo de 1995 en
Olomouc (Chequia).
La Alianza Reformada había comunicado ya en
1990 que los calvinistas checos interpretarían
la canonización de Sarkander como una
aprobación de las violencias católicas del
siglo XVII.
Juan Pablo II dirigió previamente una carta
al Dr. Pavel Smetana, Jefe del Sínodo de la
Iglesia de los Hermanos Checos, en la que
aseguraba que la canonización «no intenta
de ningún modo justificar o aprobar la
violencia pasada, sino solamente reconocer
los méritos de este hijo de Moravia».
Luego, durante su estancia en Chequia, el
Papa recordó el sentido preciso de la
canonización y habló reiteradamente de
perdón, conversión y reconciliación.
En cualquier caso, la crisis todavía no ha
logrado superarse, aunque no dejen de
mantenerse contactos.
Diálogo católico-baptista
Los baptistas se consideran «el ala radical
de la Reforma». Deben su nombre a que sólo
administran el bautismo a los adultos y
rechazan el de párvulos; en ese sentido,
son «anabaptistas» o rebautizantes. Surgen
en Inglaterra en el siglo XVII, por obra del
anglicano John Smyth, que hubo de exiliarse
en Holanda, donde sus seguidores crecieron y
se dividieron.
Los baptistas suman unos 40 millones, cifra
que aumentaría mucho de incluir a sus
hijos. En Estados Unidos representan el
mayor grupo cristiano, después del católico.
Clinton es baptista.
La organización baptista es
congregacionalista: cada comunidad local es
independiente. En 1905 se federaron en la
Alianza Baptista Mundial.
El diálogo entre la Santa Sede y la Alianza
Baptista puede considerarse tardío. Su
primera y todavía única fase, que se
desarrolló de 1984 a 1988, sirvió para
superar prejuicios y clarificar posturas.
Dio lugar a la relación Llamada a dar
testimonio de Cristo en el mundo actual.
Un dato ilustrativo de las dificultades de
este diálogo ecuménico: todavía no se ha
producido el reconocimiento recíproco de la
eclesialidad de la Iglesia Católica y las
comunidades baptistas.
Diálogo católico-metodista
El metodismo surgió en la Inglaterra del
siglo XVIII como un movimiento pietista
promovido por John Wesley, ministro
anglicano que no pretendía separarse de su
Iglesia, sino reanimarla. El nombre deriva
de la regularidad de vida de los primeros
seguidores.
La base de su organización es la comunidad
local, que no goza de plena independencia
respecto a su Iglesia matriz. En Inglaterra
y otras naciones, los metodistas no tienen
obispos; sí en Estados Unidos, donde
constituyen el segundo grupo protestante,
tras los baptistas. Las diversas Iglesias se
hallan federadas en el Consejo Metodista
Mundial.
Entre los metodistas sólo cuenta como
miembro quien ha sido bautizado, ha recibido
instrucción religiosa y ha hecho profesión
de fe. De ahí que, si bien su número de
fieles ronde los 20 millones, sus adeptos
sean muchos más.
Desde su comienzo en 1967, el diálogo católico-metodista
ha sido fluido y de ciclos quinquenales
sucesivos. Entre las relaciones emanadas
cabe destacar Hacia una declaración sobre
la Iglesia (1986), que aborda su naturaleza,
los sacramentos, la unidad y el primado de
Pedro. También La Tradición apostólica
(1991).
Otros diálogos
— Los Discípulos de Cristo (Iglesia
Cristiana) nacieron en Estados Unidos en el
siglo XIX de la fusión de dos movimientos
de raíz presbiteriana. Cuentan con unos 3
millones de miembros.
Su diálogo con la Iglesia Católica, que
comenzó en 1977, se halla en la tercera
fase y concluirá en 2002 con una relación
sobre La Misión de la Iglesia. La anterior
se titula La Iglesia como comunión en
Cristo.
— Se conoce como Pentecostales clásicas a
las Iglesias de raíz protestante, surgidas
a principios del siglo XX en varios países,
que tienen en común su insistencia en el
bautismo del Espíritu Santo. Se apellidan
«clásicas» para distinguirse de los
movimientos carismáticos.
Desde 1970, el diálogo católico-pentecostal
ha cubierto cuatro fases. Fruto de ellas son
las relaciones Perspectivas de la koinonía
(1989) y Evangelización, proselitismo y
testimonio común (1998). La quinta fase
versa sobre La iniciación cristiana y el
bautismo en el Espíritu Santo.
— Los mennonitas deben su nombre a Menno
Simons, sacerdote holandés que en 1536 fue
elegido cabeza de un grupo de anabaptistas o
rebautizantes moderados, opuesto a otro
radical. Están presentes sobre todo en
Estados Unidos. Una de sus ramas es la
Iglesia Amish, pacifista y de costumbres
arcaicas, que la película «Único testigo»
dio a conocer en 1985.
El diálogo entre la Iglesia Católica y la
Conferencia Mennonita Mundial comenzó en
1998 y celebró su segunda sesión en
octubre de 1999. El objetivo es determinar
afinidades eclesiológicas.
La Santa Sede mantiene contactos, todavía
en fase exploratoria, con otras confesiones
de raíz protestante: husitas, cuáqueros,
adventistas, mormones, etc. También con las
Iglesias vétero-católicas asociadas en la
Unión de Utrech.
DIÁLOGO CON EL CONSEJO ECUMÉNICO DE LAS
IGLESIAS
El Consejo Ecuménico de las Iglesias (CEI)
se constituyó en Amsterdam en 1948 y agrupa
hoy a 330 Iglesias cristianas del ámbito
ortodoxo, oriental y evangélico. El CEI
mantiene asambleas generales cada siete años:
la última tuvo lugar en diciembre de 1998
en Harare (Zimbabwe), con asistencia de
representantes de las confesiones miembros,
así como de numerosos observadores de la
Iglesia Católica y de muchas otras.
Dice la última versión de su Constitución:
«el objetivo principal de la comunión de
las Iglesias en el CEI consiste en
exhortarse recíprocamente para alcanzar la
unidad visible en una sola fe y en una única
comunión eucarística, expresadas en el
culto y en la vida común en Cristo a través
del testimonio y del servicio al mundo, y en
avanzar hacia tal unidad a fin de que el
mundo crea».
Las relaciones entre la Iglesia Católica y
el CEI comenzaron en 1965. Se creó entonces
un grupo mixto de trabajo, que se reúne una
vez al año para evaluar el estado de las
relaciones y estudiar temas diversos. En los
últimos años se ha tratado del desafío
del proselitismo, de las cuestiones éticas
como fuentes de testimonio común o causa de
nuevas divisiones, de problemas sociales
particulares o del Jubileo del Año 2000.
La Iglesia Católica colabora en otros
programas del CEI, como los dedicados a
Unidad y renovación y a Misión y
evangelización.
FE Y CONSTITUCIÓN. Particular importancia
tiene la presencia de la Iglesia Católica
en la Comisión Fe y Constitución del CEI,
que inició sus trabajos en Lausana en 1927
–veinte años antes de la creación del
organismo ecuménico– y tiene por
finalidad resolver las cuestiones teológicas
que dividen a los cristianos. Desde 1968,
doce de los 120 miembros de la Comisión son
católicos.
El documento Bautismo, Eucaristía y
Ministerio (1982) es el logro más notable
de la Comisión. La Iglesia Católica publicó
en junio de 1987 una larga respuesta oficial
al texto que, tras reseñar concordancias y
discordancias, concluye diciendo: «Los católicos
pueden hallar muchas cosas con las que estar
de acuerdo. Al mismo tiempo, hay temas
importantes relacionados con el Bautismo, la
Eucaristía y el Ministerio que necesitan más
estudio (...) Para la Iglesia Católica, las
verdades de fe no están separadas unas de
otras. Constituyen un todo único y orgánico.
Por ello, el acuerdo pleno acerca de los
sacramentos enlaza con el acuerdo sobre la
naturaleza de la Iglesia. No puede
alcanzarse el objetivo de la unidad de los
cristianos separados si no hay acuerdo sobre
la naturaleza de la Iglesia».
Precisamente este último particular ha sido
abordado con posterioridad por la Comisión
Fe y Constitución. El status quaestionis lo
recoge el documento La naturaleza y el fin
de la Iglesia: una etapa del camino hacia
una declaración común, de 1998. La Comisión
publicó ese mismo año un estudio sobre
hermenéutica ecuménica, con el fin «de
facilitar la interpretación, comunicación
y recepción de textos, símbolos y prácticas
que dan forma y significado a las
comunidades particulares». |