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El más amplio y desarrollado es el ciclo litúrgico anual. Lo componen dos tipos de festividades: las fijas y las movibles. Las primeras son fijas para un día del año concreto, las otras dependen de la fecha de la Pascua, que se celebra cada año según un calendario solar y lunar bien delimitado.
El año litúrgico comienza el 1 (14) de septiembre (entre paréntesis se muestran las fechas según el calendario nuevo). En la iglesia se celebra el año nuevo en este día. De todas las demás solemnidades, se destacan las 12 más importantes:


8 (21) de septiembre: la Natividad de la Santa Virgen María, Madre de Dios, solemnidad en honor del milagroso nacimiento de la siempre Virgen María de sus ancianos padres, san Joaquín y santa Ana. Festividad que se celebra desde el siglo V.


14 (27) de septiembre: se conmemora la Exaltación de la Cruz. Para este día, la Iglesia prescribe el ayuno severo. La festividad está dedicada a los acontecimientos del siglo IV, cuando santa Elena —considerada "igual a los apóstoles"— encontró en Jerusalén la Cruz del Señor. En este día, en el templo se celebra un rito especial de adoración de la Cruz.
1 (14) de octubre: la Protección de la Virgen María. Esta festividad no se incluye en el ciclo de las doce festividades más importantes, pero se la considera "grande". En el siglo X, durante el asedio de Costantinopla por los sarracenos (musulmanes), el loco de Dios Andrei —durante la vigilia nocturna— vio a la santísima Virgen María extender su omoforión (manto que cubre la cabeza y los hombros) sobre los cristianos. La visión infundió valor a los griegos, y el enemigo fue rechazado. Los cristianos piden a la Virgen María que los defienda con su Manto-Protección.


Del ciclo de las doce festividades también forma parte la Presentación de la Virgen María en el templo, fiesta que refiere el momento en que los padres de María llevaron a su hija de tres años al templo de Jerusalén para dedicarla desde entonces plenamente a Dios. En este día, en los cantos litúrgicos se recuerda con mayor frecuencia la inminente festividad de la Natividad de Cristo. Los primeros vestigios de la festividad de la Presentación de la Virgen María en el templo proceden del siglo VII, y la fiesta como tal se celebra el 21 de noviembre (4 de diciembre).

El 15 (28) de noviembre se inicia el ayuno navideño, que precede a la más importante festividad de las consideradas fijas: la Natividad y el Bautismo del Señor. En la antigüedad, ambos acontecimientos se conmemoraban juntos; hasta hoy han conservado muchas cosas en común en la celebración litúrgica y se unen entre ellos a través de un tiempo particular al que se denomina “Sviatki” (“días santos”). El nombre antiguo de estas dos fiestas es Epifanía, porque conmemoran el nacimiento de Cristo de la Virgen María y su bautismo por Juan el Bautista en las aguas del Jordán, y los cristianos festejan la venida de Dios al mundo, la venida de Dios que quiere salvar al hombre. Después de que las dos festividades fueran divididas, sólo el Bautismo del Señor recibe el nombre de Epifanía, ya que fue durante el bautismo de Jesús cuando se produjo la revelación de la Santísima Trinidad: la voz del Padre dando testimonio del Hijo, el Hijo sumergiéndose en las aguas del Jordán y el Espíritu Santo en forma de paloma descendiendo sobre Él. La festividad de la Natividad de Cristo se conmemora desde el siglo III.


25 de diciembre (7 de enero): la Natividad de Cristo, y 6 (19) de enero: el Bautismo del Señor (Epifanía). En estos días se hace una celebración mucho más solemne que en las otras fiestas fijas. En la vigilia de ambas festividades se conmemoran dos días especiales: la Vigilia de Navidad y la Vigilia de Epifanía, para las cuales se prescribe un ayuno muy severo y sólo se puede comer socivo (grano con miel). En cambio, durante los días que hay entre las dos festividades —durante los Sviatki— se suspende el ayuno.
En este período se conmemora también una gran fiesta: la Circuncisión del Señor, el 1 (14) de enero.


2 (15) de febrero: la Presentación del Señor. Este acontecimiento se describe en el evangelio de Lucas (2,21-39). La siempre Virgen María y José, el justo, llevaron al Niño Jesús, a los 40 días de su nacimiento, al templo de Jerusalén. Allí se encontraron con Simeón, un anciano justo y piadoso, al cual Dios le había prometido que no moriría antes de ver al Mesías. Simeón tomó en sus brazos al niño y pronunció unas palabras que hoy se han convertido en oración (canto fijo de las vísperas): “Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz...”. La fiesta se conoce desde el siglo III.
La Anunciación a la Virgen María se festeja el 25 de marzo (7 de abril). En el evangelio de Lucas se narra que el arcángel Gabriel se apareció a la Virgen con el anuncio de que había sido elegida como Madre del Hijo de Dios, cuya concepción sería obra del Espíritu Santo. La Virgen María aceptó con humildad la voluntad de Dios. En la antigüedad, esta fiesta recibía el nombre de Día de la Encarnación. San Juan Crisóstomo la llamaba la “raíz de las fiestas”.


Entre las grandes festividades tenemos aún la Natividad de Juan el Bautista, que se festeja el 24 de junio (7 de julio) y el día de la memoria de los santos apóstoles Pedro y Pablo, el 29 de junio (12 de julio). También a esta última festividad le precede el ayuno, llamado ayuno de Pedro. Conviene recordar en este momento que cada día la Iglesia festeja la memoria de algún santo, pero como día de esta memoria se considera el de su santa muerte o bien cuando se consiguieron sus reliquias. La iglesia festeja como días de nacimiento sólo el de Cristo, el de su Madre siempre Virgen y el de Juan, el Precursor.
El 1 (14) de agosto se inicia el ayuno que precede a la Asunción, y el 6 (19) de agosto se festeja la Trasfiguración del Señor. Se conmemora el relato evangélico en el que Cristo, tomando consigo a los apóstoles Pedro, Juan y Santiago, subió a lo alto del monte Tabor y se transfiguró ante sus ojos, mostrándoles su gloria divina. En este día se bendice en el templo la fruta que ya está madura (en la tradición rusa son las manzanas). La festividad de la Trasfiguración del Señor se conoce desde el siglo IV.


La última festividad del ciclo de las doce del año litúrgico es la Asunción de la Santísima Virgen María, que se conmemora el 15 (28) de agosto. Ya en el siglo IV este día era conmemorado por todos. La muerte de la Virgen fue silenciosa y clara. La Iglesia le ha dado el nombre de dormición (Dormitio). La Madre de Dios fue sepultada por los apóstoles en el jardín de Getsemaní. El apóstol santo Tomás no estuvo presente en aquel momento y cuando, tres días después, volvió a Jerusalén, como no había podido despedirse de la Virgen, abrieron sólo para él la tumba y la encontraron vacía. La tradición de la Iglesia atestigua que la Virgen María fue llevada en cuerpo y alma por su Divino Hijo al Cielo. Ahora la Madre de Dios se ha convertido en la Reina del Cielo y ruega ante el trono de Dios por toda la humanidad.


El 29 de agosto (11 de septiembre) se conmemora la última de las grandes festividades: la Decapitación de Juan el Precursor. Juan el Bautista fue muerto durante un banquete en honor del cumpleaños de Herodes, tetrarca de Galilea. La celebración de este día tiene una especial concentración: es un día de ayuno severo. Como día especial, la Decapitación de Juan Bautista ya era conmemorada por sus discípulos.

     

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